madrid

Aún guardo un nítido recuerdo. El fuego de la chimenea iluminaba la escena. Tendría yo unos 8 años, y escuchaba sin pestañear a mis abuelos, que compartían conmigo sus recuerdos de tiempos pasados.
En el centro, el tocón de una vieja encina. Sobre él, con la ayuda de un pequeño martillo, abríamos las almendras que nos alimentarían durante el invierno. Sus cáscaras crujían al ritmo de nuestra conversación.
Yo, que me crié en una pequeña ciudad próxima al pueblo de mis abuelos, les admiraba. Mi abuelo demostraba que tenía la misma fuerza que un treintañero cada vez que le retaban a un pulso. Y mi abuela… mi abuela sigue trabajando su huerta a sus casi 90 años.
En su mesa, nunca faltó la leche de las ovejas que ellos mismos ordeñaban, la carne de los cerdos que alimentaban durante todo el año, ni las frutas y verduras de los árboles y huertos que plantaban y regaban.
Tampoco les faltó nunca la miel. Las abejas las cuidaba un tío de mi abuela, que les bajaba del monte grandes tinajas de barro de una miel clara que hacía las veces de medicina y combustible para sus cuerpos curtidos en el trabajo duro y radiantes de vitalidad.
La gran ciudad y la universidad nunca borraron en mí ese recuerdo.
Dicen que la cabra tira al monte, y así fue. Distintos proyectos de agroecología y ganadería extensiva en los que colaboré activamente, fueron mi escuela.
Terminé de estudiar la carrera de biología y rechacé continuar. Ni en la universidad, ni trabajando en una oficina, ni en nada que no tuviera de fondo los montes interminables de mi pueblo, Santa Gadea.
Y así surgió la idea. Monté un pequeño colmenar.
Pero mi criterio estaba claro: nada de tratamientos extraños, ni mieles adulteradas, quería la misma miel que probaron mis abuelos.
Seguro que te pasa igual que a mí, y cada vez que pasas por el estante de la miel en el supermercado dudas de si quienes han dejado frente a ti esos tarros buscan alimentarte o experimentar contigo.
Hoy lo hacen de mil maneras, mezclan unas mieles aceptables con otras de calidad nula, o las mezclan con siropes, azúcares y un ciento de guarradas con las que no darías de comer ni a tu peor enemigo. En fin, que todo el mundo desconfía. Y es normal, te están vendiendo azúcar a cinco veces su precio, y además de estafarte están colando en tu cuerpo puro veneno.
Mis colmenas se encuentran en las faldas del monte Mancubo, uno de los picos más altos del parque natural de los Montes Obarenes, en la frontera de Burgos con Álava. Bajo un denso bosque de encinas y madroños, practico una apicultura similar a la que practicaban mis antepasados.
Nunca muevo mis colmenas. Al contrario de quienes desplazan sus abejas de un lugar a otro, yo prefiero la opción que más se parece a lo que ocurre en la naturaleza. En el bosque, las abejas tienen por refugio los huecos de los árboles más viejos, o las fisuras de las rocas.
Y recogen, de su entorno, todas las floraciones, de la primera a la última.
Así es esta miel, distinta de las que sólo se componen de un tipo de flor. Por eso, contiene en su interior todas las flores cuyo néctar es apreciado por las abejas, desde que abre la zarzamora hasta que cierra el brezo. Cada frasco, lleva dentro toda la diversidad que ofrecen estos montes.
Y si te interesa recibirla en tu casa,
que sepas que haré un reparto en Madrid y alrededores los próximos días 22 y 23 de diciembre.

Precios:
– Tarro de 1 kg: 11 €
– Tarro de 1/2 kg: 7 €
El pedido mínimo para entrega gratis a domicilio es de 44 €. Si no llegas al mínimo y te interesa recibirla, coméntame igualmente, para que agrupemos el pedido con otra gente en tu misma situación.
De todas formas, la miel es un producto que no se pone malo, así que aprovecha a llenar la despensa ya que sólo se hace una cosecha al año y no habrá nuevo reparto presencial hasta diciembre.
Haz tu pedido antes del 19 DE DICIEMBRE. Antes de esa fecha agruparé todos los pedidos y organizaré el reparto.
Puedes contactar conmigo en el móvil o whatsapp: 686 59 21 90 (Diego) o en el correo: info@mielybellotas.com
Pero no sólo sale miel de las colmenas. Las abejas recogen del bosque un montón de recursos que luego transforman. Algunos de ellos, los hemos empleado para crear estos productos que te proponemos:
VinaGRICO DE MIEL (4,50 €):

Sé que suena raro. Y es que si no lo llamo vinagre de miel es porque es un pelín menos ácido que el vinagre, pero bastante más rico.
Ahora que unos cuantos lo han probado, tratando de explicártelo con palabras sé que parto con desventaja.
Estoy acostumbrado a que la gente me mire primero con gesto extraño cuando les sugiero que prueben un poco. Y también a que justo después de hacerlo les cambie la expresión.
A una muy habitual. Esa en la que abres los ojos cuando algo te sorprende y comprendes que acabas de descubrir tu nueva adicción.
En este caso, sin riesgo de secuelas. Pues está compuesta de miel, agua y vinagre de vino ecológico.
Úsala como un vinagre normal, para tus ensaladas o aliños, añádeselo a una carne o un pollo asado y deja por los suelos a Ferrán Adriá, o revoluciona tu bol de frutas (con, por ejemplo, unas fresas) con su sabor.
Para quienes les gusta experimentar o para quienes tienen bastante con lo clásico, si lo pruebas no volverás al vinagre regular.
Si no he conseguido despejar tu inicial desconfianza, no te preocupes. Te puedo dar a probar, sin compromiso, durante el reparto, para dar a conocer este nuevo producto que estoy seguro, te va a gustar.
Caja de lingotes de cera de opérculo + Manual: 22 €

Esta no es una cera cualquiera. Si tienes gusto por las manualidades y las artesanías y quieres probar con un producto nuevo, tengo para ti esta caja de lingotes de cera de abeja.
Pero no es cualquier cera. Esta cera es la llamada ‘cera de opérculo’. Aquella que sólo se obtiene de la capa de cera que las abejas usan para cubrir la miel de los panales para que no se derrame.
Su color dorado, invita a recuperar este recurso ancestral en sustitución de otras alternativas usadas para estos fines, pero tóxicas, contaminantes y producidas en una fría fábrica. Es la cera de mayor calidad, la más fina y más apropiada para hacer cosmética. Fabricada por las abejas en el mismo año y sin haber estado en contacto con ningún producto químico de síntesis.
De regalo, lo acompaño con un manual con el que aprenderás a fabricar tu propio bálsamo labial, un ungüento reparador de propóleo y a hacer velas de té.
Kit de autoelaboración COSMÉTICA
Bálsamo labial y ungüento regenerador de propóleo con cera de abeja: 15 €


Como el remedio natural, no hay fórmula comercial.
Pues llevan vaselinas y otros químicos impronunciables.
Los que vas a hacer tú, no.
Contiene:
– 75 gramos de cera de abeja natural.
– 2 recipientes reutilizables.
– 1 pequeño embudo.
– 1 cuchara de madera.
– Instrucciones.
Kit de autofabricación de velas enrolladaS
CON CERA DE ABEJA: 16 €


La parafina intoxica y contamina.
Y la llevan la mayoría de velas comerciales.
Las que vas a hacer tú, no.
Contiene:
– 10 láminas de cera de abeja.
– 2,50 metros de mecha.
– Instrucciones.
VELAS ENROLLADAS
Me niego a ofrecerte un producto inerte, salido de una línea de producción, que cuando lo tienes en casa no hace sino recordarte que ya no hay hueco para lo artesano, para lo genuino.
En el caso de las velas, ya sea que las uses para reunirte con tu familia, para un momento de ritual, o para convertir un cuarto en un acogedor refugio hogareño, lo mejor son las velas de cera de abeja.
Cuando lo que buscas es una situación de mayor trascendencia, debes escapar de las emisiones tóxicas (como los ftalatos o formaldehídos) propios de las velas hechas de parafina u otros materiales industriales, así como de su naturaleza no sostenible.
Las velas de cera de abeja, en cambio, son menos propensas a causar irritaciones o reacciones alérgicas. Purifican y limpian el ambiente.
Duran más y ofrecen una llama más estable. Provienen de una fuente renovable.
Y te regalan un aroma que puedes respirar con tranquilidad, con la calma de quien prefiere un entorno limpio y saludable.
Las tienes en tres formatos:
Velas enrolladas pequeñas: 2 € / unidad

Velas enrolladas grandes (redondas o alargadas): 4 €/unidad
